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Permacultura, ecologìa, movimientos sociales, contrainformaciòn, derechos humanos, cultura y mucho màs visto desde un pequeño huerto de Sanabria sobre las bases del mundo rural, indigenista, libertario y ancestral

Repoblaciones con roble autóctono en Sanabria. No más monocultivos de pinos inflamables y alóctonos

"si las personas han perdido la memoria, búscala en la savia de los árboles que cobijaron a tus antepasados, escucha a los árboles y resonará en ti los ecos de su existencia ancestral"

"Lloran los pinos de Sanabria porque están lejos de su tierra, porque no querían quitarle espacio a la vegetación autóctona, porque tienen menos biodiversidad que sus vecinos originarios los robles, porque generan más incendios que otras masas forestales locales, porque se iniciaron sus repoblaciones con planes dictatoriales en montes comunales sin consultar a la población sanabresa que era dueña"   

Daniel Boyano Sotillo Octubre de 2012


Partiendo de que las mejores estrategias para lograr bosques, las más rápidas, baratas y valiosas para la biodiversidad, son las de menor intervención antrópica, planteo una sería de puntos a favor de las repoblaciones de especies autóctonas, solo en situaciones determinadas.

Monocultivos de Pinos e incendios

El reemplazo de bosques autóctonos en Sanabria y La Carballeda por monocultivos de árboles de crecimiento rápido como los pinos, está convirtiendo a nuestras tierras mas biodiversas en desiertos verdes. Este desastre a gran escala se intensificó con las desamortizaciones del siglo XIX, que produjo el fín del bosque autogestionado comunal del cual dependían la vecindad para su superviviencia, por lo cual lo cuidaban y conservaban para poder obtener beneficios de el año tras año. La desamortización consistió en convertirlas en bienes mercantiles, en propiedad privada. Durante la desamortización la especulación fue la gran beneficiada de este proceso, y la gran mayoría de los montes que pertenecían a fincas expropiadas a los pueblos fueron talados para sacarle rendimiento económico por parte de sus nuevos propietarios que habían invertido en ellas. Tampoco hay que olvidar la creación de los ayuntamientos (aparato estatal local) tal y como hoy los conocemos hoy, en la década de 1830, lo que supuso que estos se apropiaran de buena parte de tierras comunales, hasta entonces auto gestionadas por la vecindad con métodos sostenibles y de verdadera democracia participativa para la toma de decisiones mediante asambleas. El último paso se dió durante la dictadura franquista mediante plantaciones con especies piróficas como los pinos en zonas de robles de nuestra comarca, como lo es la Sierra de la Culebra. Esto ha dado lugar a los grandes incendios forestales que se producen en la actualidad, los cuales son en el 90% de los casos en pinos y monte bajo, resultado de las políticas de los dos últimos siglos antes citadas.
Los monocultivos, además de contaminarnos nos están deshidratando. Las raíces de los pinos de repoblación son capaces de extraer grandes cantidades de agua del suelo y de sus capas freáticas. De este modo las y los paisanos rurales ya están advirtiendo graves problemas de acceso al agua que necesitan para sus cultivos y su vida cotidiana. Asimismo los pinos aumentan la acidez del suelo, alteran la dinámica natural del mismo e impiden el establecimiento de matorrales debajo de ellos, desapareciendo de esta forma toda la vegetación arbustiva.  Así, las especies de ungulados salvajes no tienen alimento en esos hábitats artificiales, por lo que afecta de forma indirecta también a animales que se alimentan de estos como el caso del lobo, e influye en que estos ungulados tengan que acercarse a las zonas próximas de los pueblos, incluidos huertos, para alimentarse. También las fumigaciones que se han venido realizando en los monocultivos de pinos han provocado la desaparición de especies autóctonas tanto terrestres, como acuáticas, siendo un buen ejemplo de ello las truchas que han desaparecido en los arroyos de dichas plantaciones. Además, para sembrar estos grandes monocultivos de pinos utilizan dinero público que se llevan grandes empresas ubicadas fuera del territorio y que usa maquinaria pesada en el monte. De este modo se compacta el suelo y se reducen los microorganismo subterráneos que favorecen el crecimiento de las plantas autóctonas. Esta mecanización con maquinaria pesada también trae asociada desempleo ya que en el Mundo Rural Tradicional las acciones forestales se realizaban de manera manual o con tracción animal, es decir, de una forma menos agresiva con la naturaleza, que emplea a más persona y que favorece el uso de razas de animales autóctonas adaptadas al tiro y a la carga.
También hay que recordar que los pinos de Sanabria y La Carballeda traen asociados plagas como la procesionaria que en muchas ocasiones no dejan llegar a dichos pinos a su etapa adulta productiva económicamente.
 En otras palabras, los pinos son menos biodiversos que nuestros bosques autóctonos de robles.

Repoblación de especies inflamables / pirófitas de pino rodeando el bosque mixto milenario del Teixedelu/Tejedelo



En Sanabria y La Carballeda se continua, desde la llegada de los Planes Forestales franquistas a mediados del pasado siglo XX,   repoblando con especies alóctonas (foráneas) cuando se sabe que la mayoría de los grandes incendios prenden en masas donde la especie dominante ha sido introducida. Por ello la gestión forestal de los montes debe avanzar hacia la sustitución de masas repobladas de pinos por especies autóctonas para evitar el rápido avance del fuego y la desertificación, además de poder  aprovechar las hojas y bellotas de estas especies locales como el roble, para alimentar al ganado en invierno y otros beneficios que explican en el siguiente apartado.
Debido a la situación en la que nos encontramos en Sanabria y La Carballeda, se debe tender a la sustitución de masas repobladas de pinos por especies autóctonas o su conversión en bosques mixtos para reducir los incendios forestales y favorecer el aumento de la biodiversidad, ya que las quercíneas, entre ellas nuestro roble (Quercus pyrenaica) resisten mejor el avance del fuego gracias a su corteza, ayudan a extinguirlo, y, a la vez, se regeneran mejor del fuego con sus propios rebrotes. 


Robles rebrotando 2 años después del incendio en Sanabria.


Los pinares, en cambio, alimentan el fuego con la resina de los árboles y no rebrotan, excepto el pino canario, que obviamente no tenemos en nuestras latitudes. En la coyuntura climática actual, con temperaturas y sequías estivales en aumento, es preciso introducir paulatinamente especies arbóreas autóctonas dentro de las masas forestales de pinos ya repobladas, para que actúen de cortafuegos, tal y como reconoce el propio Ministerio de Medio Ambiente, y comiencen a recuperar su espacio.
La frecuencia de incendios en Sanabria y La Carballeda está relacionada en parte con esa sustitución de la vegetación autóctona por monocultivos de pinos por lo que el replanteamiento de la gestión forestal sigue siendo una tarea pendiente. Porque no hay que olvidar que los principales responsables de los fuegos son las personas que accidental o intencionadamente lo provocan, no siendo casualidad que la superficie arbolada más afectada por los incendios forestales en la década 2001-2010 haya sido de Pino. Así surge el "Cartel del Fuego" formado por personas que se benefician al haber fuego, empresas que apagan fuegos y empresas que plantan pinos. Buena parte de los grandes incendios de los últimos años en Sanabria y La Carballeda y comarcas cercanas (es decir, los que afectan a más de 500 hectáreas) se producen sobre zonas de pinar repoblado y reiteradamente quemadas (Véase Calabor, Santa Cruz de Abranes o Hermisende, el reciente incendio de la Sierra de la Culebra...)  mientras que rara vez se producen grandes incendios en bosques maduros autóctonos. 
Asimismo, si en realidad uno de nuestros principales objetivos como sociedad es frenar el cambio climático, deberíamos escuchar al Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), principal organización a nivel mundial sobre Cambio Climático, que indica que la solución es la reducción en el consumo de energía y en la renaturalización de nuestro nuestros bosques con especies autóctonas.
Los monocultivos empresariales de pinos son afines con las sociedades explotadoras y autoritarias, del mismo modo que la biodiversidad lo es con la fraternidad, la solidaridad y la multi-culturalidad de los pueblos. Actualmente la diversidad es atacada por empresas madereras, a las que la administración pública (Junta, Diputación y Ayuntamientos) apoya, que ejercen un poder absoluto sobre la vida y las personas. El horizonte de impunidad en nuestra comarca resulta de una magnitud impensable. 



Tampoco podemos olvidarnos del riesgo de desertificación que sufren multitud de bosques y zonas forestales a consecuencia de algunas obras en nuestros montes, como las talas y desbroces que se efectúan para la construcción de los impactantes cortafuegos, de dudosa efectividad, al igual que las videocámaras de vigilancia, o la excesiva construcción de pistas forestales asociadas que generan tremendos desmontes. Esta situación es especialmente grave en estas fechas previas a la llegada del verano y la temporada de riesgo de incendios forestales, cuando los servicios de la administración encargados de la prevención de incendios forestales ejecutan estas obras apresuradamente, en ocasiones sin unos adecuados estudios técnicos ni de impacto ambiental que justifiquen tan brutales actuaciones.
La expresión desierto verde es usada para designar el monocultivo de árboles, en nuestro caso pinos, en grandes extensiones de terreno para la producción de madera, debido a los efectos que este monocultivo causa al medio natural con importante impactos socio-ambientales. 
Asimismo los pinos no dejan beneficios económicos significativos en los pueblos ya que son explotados por empresas privadas, a pesar de las repoblaciones se hacen con dinero público. En ocasiones ni siquiera estas pueden acceder a su madera ya que al ser monocultivos introducidos mueren atacados por plagas como la procesionaria en sus primeras etapas de vida.
La intensidad de estos impactos socio-ambientales dependen de las condiciones ambientales anteriores a la plantación y de la extensión del área de cultivo. De este modo en Sanabria y La Carballeda, se pueden deducir los riesgos de:
Desertificación de las regiones plantadas: por ser árboles de crecimiento rápido, absorben mucha agua, pudiendo llevar a la desecación de los nacimientos y el agotamiento de los manantiales de agua subterránea, afectando seriamente a los recursos hídricos locales. Ya han tenido que traer camiones cisternas para abastecer de agua a nuestros pueblos en verano.
Perjuicio a los suelos: como todo monocultivo, esquilma el suelo y lo desmineraliza, lo que hace imposible que rebrote la vegetación de la zona. Además, el suelo queda expuesto durante años a partir de la plantación y años tras la tala, favoreciendo la erosión.
Reducción de la biobdiversidad: la alteración del hábitat de muchos animales autóctonos provoca que en las regiones de monocultivos se reduzca el número de especies, en especial las vegetales.
Concentración de tierras: la explotación latifundista crece adquiriendo las tierras a pequeños agricultores y a tierras colectivas comunales, que se desplazan de la región de origen originando un vacío demográfico asociado al éxodo rural como ocurrió en Sanabria y La Carballeda en los años setenta.
Desempleo: los monocultivos están altamente mecanizados y traen personal exterior temporal.
Pérdida del paisaje tradicional y ancestral con el que las personas de la comarca se sienten identificadas olvidando nuestra identidad con la zona.
El término desierto proviene por lo tanto del efecto de desertificación y erosión de los suelos, como al vacío en biodiversidad (en los robles existen mayor especies de insectos, aves, mamíferos...) y en poblaciones humanas encontrado en las regiones en cultivo, como en nuestro caso. Para mitigar estos daños, algunos especialistas proponen la plantación de otras especies vegetales entre corredores dedicados a la plantación de árboles productoras de madera. Sin embargo, las empresas rechazan la aplicación de tal técnica, pues su fin es maximizar los beneficios. 
Así la política de gestión forestal debe ir ligada a la prevención del cambio climático en Sanabria y La Carballeda y a un modelo de gestión arbórea que favorezca la biodiversidad y la diversificación económica. Estudios de diferentes universidades demuestran que el trabajo en prevención necesita de 20 veces menos fondos económicos que el de extinción directa, además de ser más respetuoso con el patrimonio natural y generar puestos de trabajo más estables. Los bosques autóctonos son el hogar de numerosas especies de seres vivos, y garantizan con su existencia las condiciones óptimas de la vida en la Tierra, al producir oxígeno y regular el ciclo del agua. Todas las medidas que los preserven o recuperen nos benefician a toda la humanidad y son necesarias para garantizar el agua, frente a escenarios de sequías e incendios, cada vez más previsibles. Por tanto, la ampliación y recuperación de los amplios robledales, hayedos y encinares son la herramienta más eficaz para cuidar nuestro entorno natural.

Otro problema habitual de nuestras repoblaciones es que una vez hechas se abandonan a su suerte, y no se siguen tratando, clareando e introduciendo paulatinamente especies autóctonas para favorecer la sucesión. Pero es que esta forma de actuar es más costosa, pues exige un trabajo casi exclusivamente manual.
En los espacios forestales que sufren GIF de la Península Ibérica las especies dominantes son los pinos, sin duda los más vulnerables a los grandes incendios. Por el contrario, los montes que resultan menos afectados por los grandes incendios forestales son, en un 9% de los casos, aquellos que disponen de verdaderos bosques naturales autóctonos bien conservados y poco intervenidos, principalmente los poblados por especies de quercíneas (encinas, robles o alcornoques). Aquí, la intervención directa como cortafuegos está mucho más limitada, cuando no desaconsejada, por la menor vulnerabilidad de estas masas al fuego y, sobre todo, por los condicionantes derivados de la protección ambiental.

Con la deforestación a causa de los incendios forestales, las plantaciones de monocultivos de pinos y la sequía, nos quedan cada vez menos bosques, y éstos adquirirán con los años cada vez más valor, sobre todo por su biomasa y porque conservan el agua y el suelo fértil. Se debe repoblar con especies autóctonas, ya que éstas están adaptadas al medio ambiente que les rodea. Una especie muy común en la Península Ibérica es el Roble. Decían hace ya mucho tiempo que hay que pensar globalmente y actuar localmente. ¡Hagámoslo! ¿Cómo? Pues ayudando a la naturaleza, es decir, repoblando con Robles.

Beneficios de los Robles (Quercus pyrenaica)

 Se utilizó mucho para curtir por su abundancia en taninos; son muy conocidos sus agallas, bullacas o cecidios, lugar que utilizan algunos insectos para colocar sus huevos, defendiéndose el árbol de este ataque generando esta agalla, que pueden ser de varias formas: redondeadas con picos, redondeada lisa, esponjosa, etc. Antes se utilizaban por los niños y niñas para jugar a las canicas (bolas) o elaborar juguetes.
Los usos son similares a los citados para la madera de los otros robles autóctonos, se emplea en duelas de barril y para apeas y traviesas de ferrocarril. Los fustes suelen ser cortos, irregulares y nudosos (aunque con buenas prácticas selvícolas pueden tomar buenas formas y dimensiones. La leña y carbón vegetal son de buena calidad, siendo éstos sus empleos principales tradicionales.
Las bellotas y hojas marcescentes les sirven al ganado para alimentarse en otoño e invierno; y en primavera ramonean los brotes tiernos, tanto en el árbol como de los brotes de raíz, lo que ayuda a desbrozar el terreno y mantenerlo adehesado con excelentes pastizales.
Con las bellotas se pueden hacer harinas de bellota de consumo humano, por no hablar de la diversidad de hongos que aparecen en los robledales o el néctar en sus inflorescencias para la producción de miel o incluso su leña y madera gestionado de forma ancestral por el método de las "suertes" que tan buenos resultados económicos, sociales y ambientales ha dado en nuestros bosques de robles.  
Los robledales son un buen entorno donde practicar el senderismo y el excursionismo. Además la fortaleza de su sistema radical permite la formación y conservación de un suelo óptimo que regula el régimen hidrológico. 



Repoblación del Quercus pyrenaica
Repoblación significa volver a poblar, devolver a una zona los árboles que allí existieron y desaparecieron por intervención humana. Las bellotas son el fruto de las Quercíneas (Encina y Robles), todas Quercus. La recogida de bellotas debe hacerse en octubre en el caso del Roble. Es conveniente escoger los árboles más frondosos, sanos y no demasiado viejos, que estén cercanos al punto geográfico de siembra, para una mejor adaptación genética, igualmente a factores climáticos y de suelo.
Las bellotas a recolectar son las que se han caído al suelo, desechando las verdes (caídas prematuramente por el viento), secas, arrugadas o con agujeros, procurando tomar sólo las de color marrón, suficientemente maduras y lisas (síntoma de salud y madurez), gordas (a mayor tamaño de bellota, corresponde mayor tamaño de la futura planta), que garantizarán óptimos resultados.
Antes de la siembra es aconsejable hidratar las bellotas, sobre todo en la mitad sur peninsular, poniéndolas en remojo 48 horas, para estimular el crecimiento del embrión. Además, podemos hacer una criba, vertiéndolas en un recipiente con agua y eliminando las que flotan.
La fecha idónea para la siembra es diciembre, aunque se puede sembrar incluso hasta la primera semana de febrero. Cuanto antes se realice la siembra, más frescas estarán las semillas y más pronto empezarán a germinar, con mayores posibilidades de alcanzar suficiente profundidad para arraigar y sobrevivir cuando llegue el verano. El lugar para sembrar será el adecuado para el Roble, éstos necesitan suelos ácidos como los de nuestra comarca y una cierta altitud (a partir de 600 - 700 metros sobre el nivel del mar en nuestras montañas del Noroeste Ibérico), con precipitaciones moderadas  ya que tienen cierta resistencia a la sequía estival. Lo mejor es saber a ciencia cierta qué árboles viven o vivieron en la zona, determinando restos de vegetación o consultando a las y los ancianos del lugar, de forma que el objetivo fundamental sea restaurar el medio natural primitivo.
La técnica a seguir para la siembra en el campo es sencilla. Con una azada o un apero similar se harán hoyos de unos 20 cm de profundidad, en cada uno de los cuales se depositan 3 o 4 bellotas (ya que siempre se estropea alguna) en posición horizontal, a unos 5 cm de la superficie del suelo, dejando tierra suelta debajo y apartando las posibles piedras, facilitando así la penetración de la raicilla, en su crecimiento hacia abajo. No es conveniente enterrarla a más de 5 cm, ya que el débil tallo que surge de la bellota tendría dificultades para emerger a la superficie. La densidad de plantación, suele estar en torno a las 400 plantas por hectárea, para lo cual los hoyos estarán a 5 metros de separación.
En muchas zonas, las bellotas son desenterradas y comidas frecuentemente por algunos animales, especialmente jabalíes y roedores, en cuyo caso se han ensayado técnicas que intentan evitarlos: repelentes, siembra en dos niveles estratificados… etc. que suelen dar siempre buen resultado, optando como medida más eficaz en el caso de una repoblación amplia, por sembrar plantones de 1 o 2 años, sembrados en macetitas o bolsas de plástico, que pueden obtenerse en distintos viveros forestales. Para plantarlos, el sistema es análogo al de las bellotas, practicando un hoyo mayor que el tamaño del envase, sacando con cuidado la raíz con todo el cepellón de tierra, procurando que no se desprenda. Una vez que se ha comprimido la tierra alrededor del plantón conviene regarlo. Si colocamos piedras rodeando la pequeña planta, la protegeremos de la erosión, reduciremos la evaporación del agua y se condensará en ella el rocío y las nieblas, aportando mayor humedad.

Selvicultura con Quercus pyrenaica

Las variaciones estacionales de los lugares donde aparece la especie, así como las características socioeconómicas, reflejadas en los tratamientos sobre las masas y la estructura de la propiedad, hacen que las manifestaciones del robledas sean muy diversas, desde montes altos de espesura completa y gruesos fustes a formaciones de porte subarbustivo, con numerosos y raquíticos brotes de raíz. La gama de espesuras es también muy alta. Pero en un robledal tratado convenientemente siempre será posible un aprovechamiento silvopastoral. 
En montes de rebrotes pueden mantenerse las cortas en monte bajo si interesa la producción de leñas. El castaño es la especie que más se ha empleado tradicionalmente en el medio rural sanabrés para plantar en áreas de robledal, creándose así los típicos soutos de producción de castañas y setas, además de una excelente madera y néctar en sus inflorescencias para la producción de miel. Puede usarse también cerezos, nogales o en áreas más húmedas teixu/tejo o acebo/acebru.
Los tratamientos del roble en monte bajo para leñas fijan un turno de 20 a 25 años, pudiéndose dejar una reserva de unos 200 pies/ha para apearlos a los 40 años. La reserva escalonada de pies, cada vez que se efectúa una corta de monte bajo, da lugar a montes medios. Ambos métodos de monte bajo y monte medio de brezo o urz pueden tener cierto interés en algunas zonas especialmente en aquellos lugares que se dedican a la miel como nuestra comarca. 


Muestra de disconformidad de la población local con las repoblaciones. Fotografía tomada en Sierra la Culebra en 2008

La evolución natural del robledal (propagación por brotes de raíz) y la evolución posterior al incendio nos conduce en la mayoría de los casos a masas de gran densidad con pies altos y delgados. Además hay que tener en cuenta que la corteza de los robles maduros se queman durante el incendio haciendo de barrera protectora de su anatomía interior y permitiendo que el árbol continué viviendo después del fuego mediante este sistema natural. En estas circunstancias la copa está poco desarrollada, es estrecha y limitada a la parte superior del árbol. En consecuencia se produce un estancamiento de la masa y las guías se secan con frecuencia. En estas condiciones una acelerada puesta en luz aumenta el riesgo de descopes, al combar el árbol con la nieve, en invierno, o con el peso de la masa foliar derivada de la puesta en luz. 
Es frecuente que al iniciar las operaciones de clareos nos encontremos con densidades del orden de 20000 a 30000 pies/ha o más, que después de sucesivos clareos, con extracciones del 50%, llevamos a densidades de 2000 a 2500 pies/ha. Con estas intensidades de corta se controla bastante bien la aparición de brotes chupones, a los que tiene gran tendencia el roble tras la puesta en luz. 
Las claras afectarán a los pies deformes, torcidos y puntisecos, y a árboles lobo; serán mixtas y se debe prevenir la aparición de un subpiso inferior de rebrotes, favoreciendo el pastoreo posterior a la corta y actuando preferiblemente en agosto-septiembre, para que el rebrote inducido se hiele en invierno. 
Muchas zonas de robledal presentan cada vez mayor importancia de senderistas o usos similares como la bicicleta, y es muy recomendable reducir en estos espacios las fuertes espesuras de las masas para favorecer la transitabilidad y la existencia de pasto para el ganado. 
Las plantaciones de esta especie tienen un objetivo protector o restaurador y podrían realizarlas los Servicios de Medio Ambiente. Se pueden realizar con unas densidades de 2000 pies/ha (2 x 2,5 m), con planta de una o dos savias, preferentemente en envase, o bien mediante siembra de bellota en casillas. 




Como conclusión podemos indicar que la buena conservación y protección de nuestros bosques naturales es sinónimo de freno a los grandes incendios forestales. Cabe preguntarse cómo es posible que en las masas más intervenidas, las de pinar y monte bajo, se produzcan los incendios más graves. La respuesta es compleja, pero entre los factores coadyuvantes sin duda estarán la amplia superficie ocupada por estas masas, su carácter  inflamable, y los conflictos sociales que generan.



Bibliografía





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http://apsvalencia.com/2008/10/13/e[....]-repoblacion-del-quercus-pyrenaica/



https://www.google.es/url?sa=t&rct=[....]NUqbQAQ&sig2=t9pMyOwN95qRIzcxwFJyuA

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