Permacultura, ecoloxía, movimientos sociales, contrainformación, dreitos del home, cultura y muito más visto desde un pequeiñu güertu de Senabria sobre os llizaces del mundu rural, indixenista, llibertariu y ancestral
Permacultura, ecologìa, movimientos sociales, contrainformaciòn, derechos humanos, cultura y mucho màs visto desde un pequeño huerto de Sanabria sobre las bases del mundo rural, indigenista, libertario y ancestral

Servicios Ecosistémicos del robledal ibérico. Caso de Sanabria



Daniel Boyano Sotillo
Cali, 10 de octubre de 2015




Localización caso estudio

Esta aproximación a la identificación de beneficios ambientales o servicios ecosistémicos (SE) comprende  en términos bióticos a los comprendidos en  las masas del bosque de robles (Quercus pirenaica) de Sanabria, que se encuentra en la transición entre clima mediterráneo húmedo y clima atlántico,  en el Noroeste de la Península Ibérica. Debido a su ubicación en este ambiente de transición el Quercus pyrenaica puede aparecer acompañado por otras especies del mismo género.
            En términos generales, el robledal de Sanabria presenta precipitaciones donde se sitúa entre las isoyetas de 1200 y 2000 mm. anuales. En cuanto a las temperaturas los veranos son suaves (hasta 25 ºC) e inviernos fríos (hasta -15 ºC). Estas altas precipitaciones y oscilación térmica están relacionadas con el importante nudo orográfico que constituyen las sierras de Segundera y Cabrera, al actuar como pantalla condensadora de la humedad y la altitud media comarcal (1157 m) .
El área donde se ubican los robledales de Sanabria  se caracteriza geomorfológicamente por estratos plegados y fallados, con presencia de unidades de escarpes montañosos, lomas, y colinas,  desde los 900 a los 1500 metros de altitud aproximadamente, al existir también masas boscosas de roble azonales a mayor altitud.

Introducción

 El Robledal de  en su especificidad, presenta unas condiciones biogeográficas únicas y fundamentales para el sistema socio - ecológico,  principalmente en la regulación climática local y regional, entre otros servicios ecosistémicos.
Al ser un ecosistema transicional entre bosque mediterráneo, con tendencias a bosque atlántico, presenta una mayor diversidad de especies en comparación con los otros bosques ibéricos. Al contrario que ocurre con los monocultivos de pinos de repoblación, es decir los pinares, la naturalidad del bosque de robles le da una alta capacidad de recuperación o resiliencia a los fenómenos naturales externos, situación clave para la prestación de SE en el escenario de cambio climático actual.
Otra de las características del bosque es que funciona  como refugio de aves  migratorias y de fauna nativa local, cumpliendo un rol de “isla” del ecosistema nativo con un importante papel en la conectividad local de la región. Sin embargo, para la fauna asociada es vital la existencia de otros tipos de ecosistemas naturales cercanos, debido a las migraciones locales que se presentan con relación a la disponibilidad de recursos y las complejas interacciones de los distintos componentes de la biodiversidad, fundamental para mantener a largo plazo la capacidad de los ecosistemas para brindar servicios. Así pues, la provisión de todos los servicios ecosistémicos, prácticamente es regulada por la biodiversidad (Balvanera & Cotler et al.:2009).
            El ecosistema de robledal, al igual que en el resto de la Península Ibérica, ha sido muy poco valorado posiblemente por no presentar tantos beneficios tangibles  directos para las comunidades. Sin embargo, este  ecosistema ha suministrado recursos naturales y servicios a la población humana cercana, fundamentales para la regulación de varios factores físicos y biológicos de la comarca, y en el ciclo hidrológico del territorio.
           

Servicios de aprovisionamiento robledal

 La obtención  de servicios ecosistémicos de aprovisionamiento del bosque de robles ha constituido lo largo de la historia un beneficio para la población local. En este ámbito destacaron los usos renovables para la provisión de alimento, combustibles, madera para la construcción, plantas medicinales, frutos silvestres, especies ornamentales o de importancia ceremonial.
En este bosque de robles la materia orgánica se acumula como resultado de la productividad primaria en árboles de gran tamaño, los cuales son aprovechados por las poblaciones humanas como fuente fundamental de materiales de construcción. Además de este uso, a lo largo de la historia, las especies de mayor calidad han sido utilizadas para la elaboración de muebles, instrumentos musicales, puertas, ventanas, útiles de trabajo y del hogar,… incluso con las cenizas de los robles se usaban para blanquear la ropa de lino.
La extracción de leña es un complemento de combustible para calentar el hogar o cocinar y se obtiene de forma gratuita de las “suertes” de cada pueblo. Esta idea de obtención de leña también supone un beneficio para el propio bosque ya que mediante su limpieza de extracción de individuos de roble seleccionados se limpia el bosque siendo una herramienta tradicional para lucha contra incendios. La leña se suele extraer de un radio no mayor a 4 kms de los pueblos,  y estas prácticas están volviendo a aparecer debido al alza del precio de la energía.
El robledal es una fuente de materia genética de especies claves para el desarrollo y la cultura local sanabresa.
Dentro de las especies del bosque de robles que ofrecen servicios de aprovisionamiento, están la abejas silvestres, las cuales son el principal motor de fertilización de las plantas cultivadas ofreciendo un SE fundamental para la agricultura. Su trabajo aún no ha sido tan valorado como en otros lugares donde han tenido que recurrir a la polinización artificial. Es por esta razón que al proteger el bosque seco, se está garantizando la existencia de las abejas silvestres.
En relación con ello el bosque de robles mediante las flores de su vegetación aporta néctar para miel (aunque no en grandes cantidades), la cual es absorbida por las abejas con desde las flores que visitan, y vuelven a la colmena, donde se lo entregan a las obreras jóvenes; volviendo a salir en busca de más néctar, tan pronto han pasado la carga a sus hermanas.
Del bosque de robles también se obtienen fibras usadas para artesanías como semillas, cestería, forraje, pinturas naturales, canastas, escobas o materia orgánica vegetal para el suelo de los establos.
En el área de estudio, la caza de vida silvestre se evidencia de forma constante, dominado principalmente por personas foráneas que a través de diferentes métodos matan los animales, especialmente ciervos para obtener la cabeza como trofeo.
El otro tipo de caza que se lleva a cabo es la de subsistencia. Este tipo de cazador es típicamente rural y caza para abastecer a su familia y complementar su dieta. Además es sedentario, constante y caza en áreas aledañas a su domicilio. En el robledal de Sanabria no existen, al parecer, personas que se dediquen exclusivamente a esta actividad si no que lo hacen de forma ocasional y esporádica. 
Debe señalarse que aunque esta práctica de caza  es esporádica, genera impactos importantes a la fauna objeto de caza a nivel de población, empeorando su situación con la realidad ambiental de fragmentación y aislamiento de las poblaciones en pequeños remanentes de bosques haciéndolas mucho más vulnerables a la extinción local.
Otro SE relevante dentro del robledal es la actividad micológica asociada a la recolección de diferentes especies de hongos, donde destacan el Boletus edulis y la Amanita caesarea. La primera presente en robledales densos y cerrados cuyo cuerpo fructífero aparece en otoño y primavera, y la segunda aparece en robledales con claros, lo que permite que entren rayos de sol y se consiga una temperatura ligeramente superior, que es lo que necesita la Amanita caesarea.

Servicios de regulación robledal

Este bosque presta importantes servicios de regulación que no son evidentes para la población local, y que son un aporte en la mantención de la relación en el delicado equilibrio socio-ecológico.
 Uno de ellos es la polinización por abejas de especies vegetales del bosque tropical seco, y como  regulador biológico para la conservación. Debido al incremento de colmenas y de kg/año de miel, podemos ver este punto desde otro enfoque ya que la flora del asociada al robledal, como las urces o brezos ofrece néctar y polen para la generación de miel, tal y como se indica en el apartado de Servicios de aprovisionamiento. A esto se suma el rol positivo en la dispersión de semillas que realizan otros insectos, mamíferos y aves, y como control biológico de plagas en cultivos y su polinización. Los beneficios de las aves locales y de aves migratorias que descansan en este bosque, y que aportan en la producción de beneficios asociados a la polinización a escala continental y dispersión de semillas en cultivos del norte de Europa y África hacia donde se dirigen.  
El mantenimiento de una gran riqueza de especies de insectos, aves y mamíferos de este bosque, contribuye al control de plagas y vectores de enfermedades, especialmente en el  paisaje mosaico de bosque, agrícola y ganadero. Se ha demostrado que a mayor diversidad de animales silvestres, es menor la probabilidad de transmisión de enfermedades a los humanos. La regulación de las plagas agrícolas, depende de la diversidad de sus enemigos naturales en los ecosistemas (Balvanera &. Cotler et al. 2009). Además la fauna del bosque contribuye a la disminución de vectores de enfermedades ocasionadas por animales muertos.
Las coberturas y suelos bien conservados de esta área permiten un flujo continuo de escorrentías superficiales, dentro de las que sobresalen el río Tera, el río Negro, el río Tuela y el río Bibey (este último en la cuenca Miño – Sil), que nacen en las partes más altas de la comarca.
Del mismo modo las condiciones biofísicas en las que se ubica este bosque de robles contribuyen también a su capacidad de ofrecer otros servicios de regulación. Por ejemplo, es común el enfrentarse a sequías en julio y agosto, cada vez más irregulares debido al cambio climático. El flujo de materiales y energía  entre los distintos organismos que los habitan, así como el establecimiento y reproducción de sus especies, están estrechamente sincronizados con el aumento en la disponibilidad de agua durante la época estival.
      En este ámbito brinda un aporte importante en la regulación climática local, reconocido por las  y los paisanos que destacan su ambiente ligeramente más fresco, húmedo y agradable que el existente en áreas vecinas. Esto se traduce en  mayor confort climático para la población,  el pasto se mantiene más tiempo verde y la agricultura tenga mayor disponibilidad de agua para riego. En época de verano gracias al follaje de sus hojas podemos tener hasta 5 Cº menos que en el exterior del robleda. Asimismo, en invierno y debido a la marcescencia de los robles (no se le caen todas las hojas) las hojas protegen de los vientos y nieve, consiguiendo alcanzar entre 2Cº y 4Cº más que en el exterior, y entre un 10% y un 15% más de humedad ambiental. Así mitiga el calor extremo de algunos días del verano y las bajas temperaturas invernales.
Su sombra es el hábitat perfecto para especies vegetales singulares, donde destacan musgos y líquenes. También son usados por la macrofauna local debido al alimento otoñal que aportan con sus bellotas, acudiendo corzos, ciervos y jabalís a comerlas, y por tanto el lobo a su reclamo. En sus agujeros pueden criar martas e incluso el gato montés.
Las bellotas, e incluso las hojas de los robles, fueron usadas como alimento invernal para la ganadería sanabresa, ya que en los meses centrales del invierno escasean otros alimentos para vacas y ovejas.
La mejora de la infiltración de aguas y regulación de caudales lluvias es gracias al efecto de las raíces, la presencia de hojarasca y la reducción de la compactación del suelo.
Así este bosque de robles juega un papel fundamental en la regulación de los impactos de los eventos extremos que ocurren de forma natural, pero cuya frecuencia está aumentando por efecto de los cambios en el clima. 
El escurrimiento superficial que se produce como resultado de una gran cantidad de lluvia en ausencia de las masas boscosas puede conducir a movimientos en masa de laderas, arrastrando suelo, roca y algunos árboles. Varios estudios muestran que a mayor complejidad de la vegetación, menor frecuencia y volumen de ocurrencia de estos fenómenos naturales (Philpott et al. 2008),
El balance entre los distintos componentes del ciclo del agua en una región particular está determinado por la combinación entre la evapotranspiración y el agua que queda libre para escurrir o infiltrarse, y la suma de estos dos componentes es igual a la precipitación anual. Así contribuyen a la disminución de la ocurrencia de eventos de crecientes e inundaciones aguas abajo en épocas lluviosas y de reducción excesiva del caudal en épocas secas.

Servicios culturales

El bosque de robles ofrece servicios ecosistémico educativo y de conocimiento científico, especialmente para el alumnado de escuelas e instituto de Sanabria ya que se ahorran el desplazamiento a Jardines Botánicos de Ciudades al poder descubrir especies en libertad en las proximidades de su centro educativo.
Por otro lado constituye un referente para el desarrollo de las tradiciones artísticas y culturales de la comarca sanabresa. Saberes ancestrales apropiados, adaptados y reinterpretados dan como resultado las diversas manifestaciones gastronómicas, alfareras, forja, tejido, ebanistería y música, que unidas a la inmaterialidad de la tradición oral, la medicina tradicional y la lúdica, constituyen la vida actual de Sanabria. Un ejemplo de ello serían algunos topónimos como Robleda o Robledo, o incluso en el Santuario de la Tuiza puede que su nombre proceda de Touza, robledal en gallego.
En este sentido, el paisaje del bosque de robles juega un papel crucial en la vida de las aldeas y pueblos. Las especies carismáticas que lo albergan generan procesos identitarios a través del sentido de pertenencia, favoreciendo positivamente los procesos de  concientización del municipio, con la conservación de la fauna silvestre y sus hábitats.
Existen diversos artistas locales que desde las diversas ramas de las artes  se han inspirado en el bosque de robles para desarrollar su carrera y alguna de sus obras más destacables. Lo mismo ocurre con alguna de las fiestas locales que tienen como tema principal aspectos ambientales como lo son el Día del Medio Ambiente, o el Magosto, esta última relacionada con los árboles de castaños. Estas expresiones culturales tradicionales son objetos de conservación cultural donde se toca la música, y se fabrica y vende la artesanía. Por lo tanto las expresiones culturales y musicales deben fortalecerse e integrarse dentro de los procesos de diseño e implementación  de instrumentos de ordenamiento del bosque.
El bosque a su vez está ligado a seres mágicos o sagrados y cosmologías desde  la cultura popular que se manifiestan en leyendas. Ya desde la Edad de Bronce, la cultura castreña celta consideraba a los bosques de robles lugares sagrados, constituyendo estos sus únicos templos de adoración. Alrededor de los robledales se tejen sueños, mitos, poesías, que se expresan a través de la música e himnos de las comunidades.
Para la población es importante el valor que ciertos lugares tienen por su riqueza histórica y eran considerados sagrados para los indígenas locales. Estos elementos proveen a los habitantes del territorio de un legado cultural que promueve sentido de pertenencia e identidad (Villegas Editores, 2006).
   En cuanto al ecoturismo, genera puestos de trabajo directos (guías) e indirectos a través de restaurantes, hoteles y transporte, siendo una actividad valorada por el reconocimiento que significa para Sanabria como comarca verde a escala regional.  Asimismo desde distintas organizaciones locales se resaltó la opción de vincular el agroturismo con el ecoturismo debido a la vocación silvoagropecuaria de la comarca al poseer valores tan importantes como la trashumancia.
 Para la población local el bosque de robles también proporciona tranquilidad, muy importante para la sanidad preventiva y por lo tanto para mejorar la calidad de la salud de las personas que en él o su entorno habitan.



Servicios de apoyo del robledal

La alta diversidad de escarabajos estercoleros y hormigas, sumado a la predominancia de especies leguminosas (fijadoras de nitrógeno) que se han identificado en estudios previos, permiten que este bosque conserve una gran fertilidad y equilibrio edáfico.
Otro gran aporte que hace el suelo y el propio bosque es el almacenamiento de carbono, contribuyendo a la mitigación del sobre calentamiento global. Los árboles del bosque de robles adquieren CO2 del aire (para su crecimiento vegetativo) y expulsan continuamente oxígeno mediante la fotosíntesis. Este proceso es muy potente en los robledales debido a su densidad y buen estado de conservación. Esto deriva en una elevada calidad del aire en Sanabria, lo que se traduce en una reducción de enfermedades pulmonares.
Esta situación se puede revertir con procesos entrópicos como incendios donde la materia carbónica en forma de CO2 es devuelta de forma masiva a la atmósfera.
 La diversidad florística que alberga este bosque actúa como un banco de semillas de especies tolerantes a la sequía, como posible opción de restauración y recuperación de ecosistemas afectados y vulnerados por el cambio climático en los próximos años. En relación con el anterior aparece el servicio de ciclaje de nutrientes, donde la mayor parte de los mismos se encuentra en la vegetación en pie; de esta manera se haya relativamente protegidos de procesos de erosión y lixiviación, dado que los nutrientes retornan al suelo a través de la caída de hojarasca, ramas, frutos, descomposición de raíces.
Además, este bosque de robles libera agua cuando se abren los estomas de las hojas para el intercambio gaseoso al realizar la fotosíntesis. Durante este proceso ocurren intercambios de energía así como cambios en la humedad relativa que conducen a reducciones en la temperatura. 
Dentro de este grupo de servicios, se aparecen los menos reconocidos por las sanabresas y sanabreses quizás por su carácter intangible o su complejidad, aunque estos son vitales para el funcionamiento del ecosistema y el suministro de los demás servicios ecosistémicos. 
 El servicio de mantenimiento de hábitat se traduce en el mantenimiento de las complejas interacciones de los distintos componentes de la biodiversidad. Es fundamental para mantener a largo plazo, la capacidad de los ecosistemas para brindar servicios. Así pues, la provisión de todos los servicios ecosistémicos, prácticamente es regulada por la biodiversidad (Balvanera &. Cotler et al. 2009). 
Los escarabajos coprófagos cumplen un papel indispensable en procesos ecológicos como son la disminución de organismos parásitos y vectores de enfermedades como moscas y helmintos (Losey y Vaughan 2006, Nichols et al. 2008), el reciclaje de nutrientes (Mittal 1993) y la dispersión secundaria de semillas, entre otros (Andresen 2002a, Andresen 2002b). Además participan en invaluables procesos ecológicos recientemente denominados servicios ecosistémicos como el control biológico y la fertilización del suelo (Losey y Vaughan 2006, Nichols et al. 2008, 2009).

No nos vamos de los pueblos, nos echan



Los pueblos siempre fueron economías autosuficientes, pero la introducción del monocultivo los ha hecho dependientes de las ciudades, donde comprar sus productos y fijan los precios de lo que en el campo se genera. En la actualidad, existe un conflicto fundamental entre valores urbanos capitalistas que utilizan el dinero como su medio de circulación vital y los valores rurales tradicionales que tienen a la vida y a las habilidades humanas como su moneda básica. Lógicamente, cuando el valor “vida” es reemplazado por el valor “dinero”, el mundo rural sufre y se vuelve más pobre, ya que su propia vida muere de facto. 
En este contexto comienza la emigración del campo a la ciudad y las personas que se quedan en el pueblo desprecian lo que tiene y comienza el autodio hacía sus costumbres y sabiduría popular.


Daniel Boyano Sotillo

Un abanico de colores

Paseando una tarde de otoño entre los carballos y los castaños del bosque que rodea mi pueblo, observando toda la diversidad de mi alrededor, los diferentes faleitos, las setas multicolores, boletus, cucurriles y senderuelas y apañando alguna que otra castaña, empecé a tomar conciencia de los ruidos de los pájaros, las huellas de los corzos, desechos de zorros y otras alimañas, arañas, moscas, y multitud de pequeños seres vivos que habitan en este mundo. Entonces, en ese momento, recordé una conversación con mi abuela muchos años atrás. Esa abuela que me enseñó a ver con ojos de niño todo a pesar de la edad, aquella que me reñía cuando me engarrapitaba a las manzanales. Aquella que me enseñó tantas cosas y a la que echo tanto de menos.
Volvíamos mi hermano pequeño y yo del colegio. El menda, cabreado, cabizbajo porque me había engarriao con un chico de la Puebla con el que no me entendía, y para colmo la profesora nos castigó con un feixe de tareas. Llovía y hacía frío. Mis pies se habían quedado sin dedos y mi hermano pequeño no hacía más que molestarme. Todo me parecía horrible. Al llegar a casa me encontré con mi abuela que notó mi estado de ánimo a la legua. Pero ella sabía cómo hacerme olvidar un pésimo día.
“-Si pudieras elegir un objeto mágico, ¿cuál elegiríais? Un objeto que no pudiese hacer maldades, ni marumacas, que hiciese el mundo más bonito y bello. Pero que siguiese manteniendo su función. - Este era el tipo de preguntas que solía hacer mi abuela, preguntas que te hacían pensar y pensar.
-Un objeto como… ¿una varita mágica?- dijo el argabuyo de mi hermano.
-Sí, pero ¿qué es lo que hace una varita que no es mágica? Yo me refiero a algo como una olla que si no es mágica en ella hacemos la comida y si es mágica nunca se acaba esa comida y así podríamos alimentar a todos los embruyos y rapaces del mundo. – Continuó mi abuela.
-Ja, ja, ja, seguro que al ver tanta comida alguno se engullipa.
-Una escoba,- salté yo- una escoba con la que limpiar todas las cosas malas del mundo. Limpiaría el colegio, el frío, mis dedos congelados. Limpiaría al Sebastián, que por su culpa me han “castigao”.
-Sí, está muy bien, porque entonces con esa escoba también podrías barrer el egoísmo, la maldad, la contaminación…pero entonces también barrerías las flores, la nieve, las parvuletas…
-¿Sabéis qué elegiría yo?- volvió a preguntar la abuela- Yo elegiría un abanico. Un abanico en el que cada vez que abanicase creara vida bella. Un abanico en el que pensara “colores”, y en cada ráfaga de aire se creara el rojo, el amarillo,
el azul y el violeta. O cuando dijera, árboles, creara los humeiros, escanfreixos, el sabugueiro y otros mil que poblasen la tierra de verdor. Un abanico que creara música con cada movimiento. Que creara a Bach, a los Rolling, a Camarón, a Julio Prada. Un abanico con el que poder crear mil razas de hombres; blancos, negros, chinos, indios.
-Sí, sí, pero también azules y con cuatro brazos, con antenas, con pezuñas o monstruos suaves y peludos que fuesen nuestros amigos, y a los alienígenas y miles de talanqueiras. –Interrumpió mi hermano.
-Un abanico que creara alegría, paz, felicidad, armonía y todas las cosas buenas y dulces que hay en la vida.
-Pero abuela, todo eso ya está inventado, bueno casi todo que los hombres azules y los monstruos de mi hermano no están inventados.
Entonces, ella cerró los ojos, sonrió con una sonrisa llena de tristeza y suspiró. Así permaneció durante lo que a mi hermano y a mí nos pareció una eternidad, pero sabíamos que no debíamos interrumpir sus pensamientos, pues algo importante estaba a punto de decirnos.
-Acordaos. El ser humano va cambiando, evoluciona y junto a él va cambiando el paisaje, el clima, las costumbres. En mi vida he ido observando como poco a poco se va destruyendo los bosques, los polos, las relaciones humanas y otras cosas bellas. La tecnología nos invade y la soledad nos rodea. Desgraciadamente, llegará el día en el que os acordéis de mi abanico de colores.”
Aquella tarde de otoño volví a recordar a mi abuela y a su abanico. Es cierto que dentro de nuestro paraíso, seguía habiendo vida. Miles de vidas diminutas y maravillosas. Miles de emociones que hacían que viese a mi abuela abanicando y nombrando cada árbol, cada animal, cada aroma. Pero me entristecía pensar que el abanico de mi abuela se había quedado en esos rincones. Al volver a mi ciudad empecé a ver las fábricas que echaban humos, los coches, los atascos, los gruñidos… y desee que mi abuela siguiese abanicando tras mis pasos, con sus mejores deseos e imaginación mientras yo con mi escoba barría aquella deshumanización.

María Almaraz García

HISTORIA DEL ABUELO



Eran tiempos de María Castaña cuando ocurrió esta historia, fue eiquí pero pudo ser ende.
En una noche de invierno fría, muy fría, vadía Juan Alpargata a casa de una touza que tenía en el souto de Piniella. Cuando agotado por el cansancio, antes de chegar a casa, decidió hacer un alto en el camino por la zambrea de trabajar que se había dado durante todo el día, haciendo teinadas de leña y después cargándolas sobre su llombo una tras otra, desde la touza al pueblo y del pueblo a la touza, así hasta que el sol transculó por el horizonte.
Aspacio espurrió en el suelo la treixa que amarraba la leña y velando al cielo, enguerriado con su triste vida. Ya no era un catonino, ni un mozo sino un anciano y más pobre que su nombre pues cada día en su moral solo había un taco de xixa, un zoquete que no llegaba a un fulincho del que ahora solo quedaban mollegas, una barrila de agua casi vacía.
Velando fijamente a la luna llena, que iluminaba los campos y los caminos de los paceiros, con desesperación en voz alta se fungaba sobre su larga y dura vida, pidiendo tan solo un deseo:
-¡Luna, vadem y trágame!
La luna lo veló con detenimiento, escudiñando hasta su última engurria de su cara, los pocos canteiros que le quedaban, su farraposa vestimenta y apiadándose de él, bajó y se lo llevó.
Desde entonces, cada vez que hay luna llena si velamos al cielo podemos ver la sombra abangada del tío Juan Alpargata y el haz de leña que portaba esgurrifada en los cráteres de la luna


José Montoro, 
Bisabuelo Hnos. Bella Fernández
Mª Cruz Fernández Montoro.

Proyecto El Huerto del Pozo - Namasté


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