Permacultura, ecoloxía, movimientos sociales, contrainformación, dreitos del home, cultura y muito más visto desde un pequeiñu güertu de Senabria sobre os llizaces del mundu rural, indixenista, llibertariu y ancestral
Permacultura, ecologìa, movimientos sociales, contrainformaciòn, derechos humanos, cultura y mucho màs visto desde un pequeño huerto de Sanabria sobre las bases del mundo rural, indigenista, libertario y ancestral

¿Por qué eres vegetariano?



Es una pregunta que me hacen con frecuencia. Algunxs compañerxs me cuentan entre risas que oyen más esa pregunta que sus nombres, y, como los nombres, les cansa. A mi no, al contrario, me encanta que me la hagan. Puede ser porque me gusta el lío, pero también denota un interés por parte de la persona que la hace, una apertura, una disposición a escuchar y, al menos por un momento, a considerar otros argumentos. Sí, me gusta la pregunta ¡fíjense si me gusta que me la hago yo solo!. Pues bien, intentaré responderla:

En primer lugar y no por ello más importante, sino todo lo contrario, existen razones relacionadas con la salud que me aconsejan seguir una dieta vegana: las grasas de origen animal requieren un mayor esfuerzo metabólico para ser digeridas y tienen exclusividad sobre el llamado “colesterol malo”. El consumo de lactosa tras la lactancia se ha demostrado perjudicial para la salud con especial incidencia sobre las alergias. El proceso de digestión de la carne hace que nuestra sangre se acidifique, obligando al cuerpo a utilizar el calcio y el fósforo de los huesos para contrarrestar ese efecto. La acidificación de la sangre es además un factor fundamental en el desarrollo de procesos cancerígenos. Comemos cadáveres que llevan, en el mejor de los casos, varios días muertos. Los estómagos de lxs carroñerxs están provistos de mecanismos especiales para contrarrestar la gran cantidad de bacterias y sustancias tóxicas existentes en la carne en descomposición (proceso que comienza en el mismo momento en que el corazón deja de latir y la sangre detiene su circulación), de los que lxs humanxs carecemos. Por no hablar de las enfermedades cardiovasculares; diabetes, colesterol, provocadas fundamentalmente por el consumo de grasas animales. Además los animales que comemos son sometidos a dietas compuestas de transgénicos cultivados con gran cantidad de fitotóxicos, de hormonas, productos químicos y elementos de oscura procedencia como restos de huesos, intestinos, vísceras, etc que son reconvertidos en piensos por la gran industria. El estrés que sufren los animales antes de morir provoca que se acumulen tóxicos en la carne. La base de los piensos se elabora con maíz, cereal que el ganado no consumiría de manera natural. Este se utiliza porque es barato y favorece un engorde rápido. El alto consumo de maíz provoca el desarrollo de la bacteria E. coli con una mutación que la hace resistente al ácido estomacal permaneciendo viva en los excrementos. En los mataderos, donde se matan cientos de animales cada hora a un ritmo frenético, es ingenuo pensar que estas bacterias no entren en contacto con la carne. [1]

En fin que me lío, seguro que una breve búsqueda en internet, ofrece muchos más datos de los beneficios de una dieta vegana sobre la salud. Pero, como decía, este punto (para mi) no tiene mayor importancia: incluso aunque una dieta vegana no tuviera ningún beneficio para la salud, o supusiera algún perjuicio creo que existen otras razones que en una sociedad justa deben primar al beneficio personal.

De la mano del maíz, podemos pasar a un segundo bloque de razones, las político-económicas: casi el 90% de los productos que encontramos en el supermercado tienen algún producto derivado del maíz. Este se utiliza masivamente para la alimentación de aves, vacas, cerdos e incluso se utiliza como alimento en piscifactorías. ¿Por qué? Porque es barato, y ¿por qué es barato? por dos razones: una es que sus costes reales de producción (perdida de productividad de los suelos, contaminación de acuíferos, costes sanitarios de poblaciones próximas a cultivos, pérdidas de biodiversidad, desplazamiento de comunidades locales, pérdida de cultivos tradicionales etc etc) no se reflejan en su precio; y otra es que está subvencionado por los gobiernos para garantizar los beneficios de las grandes compañías del sector. Es así como una hamburguesa puede ser más barata que una lechuga. En 1970 cinco compañías controlaban el 25% del mercado de la carne de ternera, hoy cuatro compañías (Tyson, Cargill, Swift y National Beef) controlan más del 80%. Lo mismo ocurre con la carne de cerdo y de pollo. Este sistema de producción, enfocado a incrementar los beneficios de estas compañías, es impuesto por gobiernos de todo el mundo en nombre del progreso y la industralización, desplazando cultivos tradicionales que garantizaban la supervivencia y la soberanía de muchos pueblos de Argentina, Brasil, Chile, EEUU, España, etc.. En su lugar se  implantan monocultivos destinados al alimento del ganado que requieren una inmensa cantidad de pesticidas, fertilizantes y maquinaria industrial, cuyo mercado está igualmente controlado por unas pocas corporaciones a nivel mundial.
Joseph F. Stiglitz en 2006, constató que «la vaca europea media recibe una subvención de 2 dólares al día (el umbral de la pobreza, según el Banco Mundial). Más de la mitad de los habitantes de los países en desarrollo viven con menos. Por lo tanto, parece que es mejor ser una vaca en Europa que un pobre en un país en desarrollo».
Estos mecanismos para la producción de los alimentos del mundo tienen objetivos que van más allá de los simples beneficios económicos; las comunidades antiguamente soberanas sobre sus recursos, sus modos de producción y sobre sus alimentos, son desplazadas, privadas de sus tierras y de sus ancestrales modos de vida. Desde esas condiciones se ven obligadas a vender su mano de obra para trabajar como jornalerxs por un salario mísero que tienen que devolver a las empresas que les han robado sus tierras a cambio de alimentos. Esos mecanismos generan poblaciones dependientes, fácilmente manipulables y cuya actividad diaria se orienta en función de los intereses de la transnacional de turno. Esos mecanismos no son más que la cara de la esclavitud moderna. Controlar nuestros alimentos es imprescindible para ser libres.

En tercer lugar podemos enumerar los efectos del consumo de carne sobre el planeta: el sector ganadero produce el 51% de los gases de efecto invernadero que se producen en el mundo.[2] La FAO reconoce en uno de sus informes titulado “la sombra del ganado” que la producción agrícola destinada a los animales es responsable de más gases de efecto invernadero (en equivalentes de CO2) que todos los barcos, coches, aviones y demás medios de transporte del mundo juntos.[3] Es curioso que estos datos ni se mencionen en los informativos y programas divulgativos sobre el cambio climático; es mejor culpar a los coches ya que las posibilidades que tenemos de dejar de utilizar el transporte basado en los combustibles fósiles mañana, son bastante menores que las que tenemos para dejar de comer carne hoy. Sin embargo la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero sería mucho mayor si optamos por esta segunda opción.
El proceso digestivo de las más de 1,000 millones de vacas genera el 37% del total del metano inducido por el ser humano; este gas es 23 veces más potente que el CO2. Las heces de las vacas contienen altas cantidades de óxido nitroso, un gas 296 veces más potente que el CO2, y la orina y heces de los 17.000 millones pollos generan el 64% del amonio inducido por el ser humano, un elemento químico que causa la lluvia ácida.
La ganadería industrial es responsable del 90% de la deforestación de la Amazonia, debido a la extensión de pastizales y cultivos forrajeros para alimentar una creciente población de ganado.
En total, a la producción ganadera se destina el 70% de la superficie agrícola y el 30% de la superficie terrestre del planeta.[4] Para criar una vaca, necesitamos aproximadamente 2 ha de terreno durante 1 año, tras este tiempo tendríamos unos 250 kg de carne (con huesos). En sólo una ha podemos producir 3.216 kg de cereal[5], o 25.900 Kg de lechugas, o 42.000 Kg de sandías, o 72.800 Kg de tomates.[6] Para producir un kilo de carne se necesitan de media 7 kilos de cereal, que, sobra decir,   podrían alimentar a más personas que el kilo de carne. Otro dato más de la sobre explotación que supone la industria cárnica es que hasta un tercio de las capturas pesqueras se destinan a la producción de piensos.
Para producir un kilo de carne de ternera ser requieren una media de 15.497 litros de agua, un kilo de carne de cerdo requiere 4.856 litros y uno de cordero 6.143 litros. Un kilo de maíz no necesita más de 909 litros de agua para su producción, uno de trigo 1.334 y uno de arroz 2.291 litros.
Una hamburguesa (150 g) requiere el consumo de 2.400 litros de agua, un vaso de leche (200 ml) 200 litros. Un vaso de cerveza (250 ml) requiere 75 litros de agua, una patata (100 g) 25 litros y una manzana (100 g) 70 litros.[7]
Es físicamente imposible mantener el ritmo de consumo actual en un planeta finito, y el consumo de carne es uno de los factores más influyentes en la sobreexplotación de los recursos de la tierra.

Y finalmente llegamos al último bloque de razones, las que, para mí al menos, son suficientes por si mismas: las éticas.
Podría enumerar las pésimas condiciones de vida en las que millones y millones de animales esperan la muerte como si ese fuera su destino natural.[8] Pero creo que no es ese el punto central; tras una vida teledirigida por otrxs (en mejores o peores condiciones) 2.315.611 vacas y terneras, 10.571.158 ovejas y corderos, 1.326.289 cabras y cabritos, 42.552.529 cerdos, 72.558 caballos, 707.471.000 pollos y 52.474.000 conejos fueron asesinados durante el último año solo en España.  A los animales acuáticos ni siquiera se los cuenta como individuos, sino por kilos: 768.691 toneladas de peces, crustáceos y moluscos fueron extraídas del mar, 60.250 toneladas de peces y 220.829 toneladas de moluscos fueron producidas en piscifactorías durante el 2010[9]. (Es curiosa la terminología que utilizamos para cosificar a esos seres vivos que estamos matando).

Tras esta matanza premeditada, organizada y legitimada por la gran mayoría de la población mundial que mira para otro lado, está una particular visión del mundo. Esta visión ha extendido su hegemonía a lo largo de los siglos hasta alcanzar prácticamente la totalidad del planeta. Daniel Quinn en su más que recomendable libro “La historia de B” la define con la siguiente frase: “la tierra está hecha para el hombre y su papel es conquistarla y gobernarla”. Esta visión del mundo, bastante reciente teniendo en cuenta los 200.000 años de existencia de nuestra especie,  se plasmó en la aparición de la agricultura y la ganadería hace unos 12.000 años y con el devenir de la historia ha generado una superestructura ideológica, política, social, cultural y económica para perpetuarse. Supuso un cambio fundamental en la relación de las personas con su entorno, de sentirse parte de él a sentir que éste estaba a su servicio.  El ser humano se apropió del derecho a decidir sobre la vida y la muerte. Que animal debía vivir y cual morir, que planta era buena y cual mala. La agricultura y la ganadería permitió la aparición de los excedentes y por tanto la acumulación de poder. Esta acumulación de poder necesita de una reproducción constante. Desde la aparición de la agricultura y la ganadería, esa visión del mundo ha ido colonizando al resto de culturas con distintos mecanismos siendo la fuerza el más utilizado. Ha adoptado varias formas a lo largo de la historia alcanzando con el capitalismo su máxima expresión. El capitalismo ha convertido a todo lo que existe en mercancía, sin valor en sí mismo, solo según el equivalente monetario marcado por el mercado.

Y diréis: muchas culturas indígenas que viven en armonía con su entorno, que no lo han cosificado, consumen animales como alimento. Si, es cierto, pero no se trata de santificar, juzgar o copiar a las comunidades indígenas o a ninguna cultura que haya existido a lo largo de la historia. Se trata de construir la sociedad de hoy rescatando los valores positivos del pasado y mejorando el presente con las lecciones de la historia. Si yo necesitara carne para sobrevivir, como le ocurre a mucha gente en diversas geografías, la comería, pero no la necesito y si la comiera, sería exclusivamente por su sabor, porque me gusta. No quiero tener que matar a ningún animal o, peor aún, que alguien tenga que matarlo por mi, por placer, porque me guste comerlo. La pregunta de si realmente necesito la carne para sobrevivir es una pregunta que se debe hacer cada cual. Acorde a lo anteriormente expuesto, considero que la agricultura también supone una agresión contra el entorno que no comparto y que con mi alimentación actual estoy perpetuando (si comiera carne potenciaría aún más el modelo agrícola actual). No considero que los humanos seamos superiores a las vacas y por eso podamos decidir cuando y como estas deben vivir o morir. Tampoco creo que seamos superiores a las lechugas. No creo que las diferencias deban suponer una jerarquía. Pero un mal no justifica un mal mayor. El punto está en disminuir el impacto de mis actos sobre el entorno produciendo el menor daño posible, optar por una dieta vegana es un paso.

Hoy nos creemos el centro del universo, superiores a cualquier otra forma de existencia y con el derecho de utilizar estas a nuestro antojo. Esta visión antropocéntrica nos lleva sin remedio a la extinción. Una extinción de la que ni las energías renovables, ni reciclar, ni apagar el grifo cuando nos lavamos los dientes, ni ninguna solución de las expuestas como únicas alternativas por el capitalismo verde nos puede salvar.

Solo un cambio en nuestra conciencia podrá devolver el planeta a un equilibrio que permita la supervivencia de nuestra especie. Este cambio supone reconocer la unicidad de todo lo que existe, reconocer a la naturaleza como una parte de nosotrxs mismxs, no como algo ajeno que hay que cuidar. Mirar a lo que nos rodea: animales, plantas, agua, aire, fuego, tierra; como iguales, agradeciendo que nos mantiene vivxs y manifestando en cada uno de nuestros actos ese agradecimiento y respeto. No es ninguna utopía, durante 190.000 años, la especie humana vivió guiada por esos principios. Y algunas comunidades han sido capaces de conservarlos hasta el presente.

La pureza no existe en el camino de la revolución, cometeremos errores e incoherencias, pero lo que no nos podemos permitir es no reconocerlas y mucho menos justificarlas. A partir de ahí no existen más jueces que unx mismx y es cada unx quien debe trazar sus caminos y sus ritmos.

Lince Blanco,
2 de marzo de 2013




[1]Fuente:  Physicians Committee for Responsible Medicine PCRM
[2]Fuente: “La ganadería y el cambio climático”. Consejo de medio ambiente del Banco Mundial, 2009. pag 11. http://www.worldwatch.org/files/pdf/Livestock%20and%20Climate%20Change.pdf
[3]Fuente: “La larga sombra del ganado”. FAO, 2006.  http://www.fao.org/docrep/011/a0701s/a0701s00.htm
[4]Fuente: “Alimentación y cambio climático”.  Anima Naturalis
[5]Fuente: “Rendimiento de los cereales (Kg por Ha)”. Banco Mundial. http://datos.bancomundial.org/indicador/AG.YLD.CREL.KG
[6]Fuente: “Rendimiento y producción de los principales cultivos en España”. Agromática. http://www.agromatica.es/rendimiento-por-hectarea-de-los-cultivos/
[8]Para más información al respecto ver “La granjas industriales”. Anima Naturalis. http://www.haztevegetariano.com/p/968
[9]Fuente: “Boletín nacional de estadística Enero “2013. Agricultura y ganadería”. INE. http://www.ine.es/jaxi/tabla.do?type=pcaxis&path=/t38/p604/a2000/l0/&file=1100001.px

Día de la mujer en Bicicleta 8 de marzo de 2013

El 8 de marzo queremos derechos y no flores

          Las áreas urbanas donde predominan los autos son lugares pensados para el hombre adulto, que es el que principalmente maneja.De esta manera las personas de edad avanzada, discapacitadas, los niños y niñas, y la mayoría de las mujeres caen ene el olvido, es decir, este es un modelo insostenible, desde el punto de vista ecológico y antidemocrático y excluyente desde el punto de vista social porque margina a las personas sin auto y licencia de conducir.
       Además este modelo es androcéntrico porque solo tiene en cuenta los desplazamientos de un varón en edad laboral que se desplaza en auto privado para llegar a su trabajo, que no tiene necesidades materiales ni afectivas, que no tiene que comprar para satisfacer las necesidades suyas propias o del núcleo familiar al que pertenece y que no tiene que ocuparse en general de todas aquellas actividades necesarias para que la vida continúe. Vemos pues que la propia sociedad y sus instituciones obedecen a esquemas patriarcales al no tener en cuenta todo aquello que no tiene que ver con el trabajo de mercado y al ignorar todo lo necesario para atender las necesidades de las personas o trabajo de sostenimiento de la vida mediante el cuidado.
       Pero estas debilidades no son insalvables, más aún si tenemos en cuenta las fortalezas y potencialidades que presenta esta ciudad para el uso de otros medios de transporte no contaminantes como la bicicleta u otros vehículos no motorizados para usarlos en nuestros desplazamientos diarios.
       Por todo ello desde El Huerto del Pozo animamos a todas las Bicis y Masas Críticas del mundo a que salgan a la calle a pedalear por la igualdad de género.

Imprime tu carta y difunde para evitar el maltrato animal en tu localidad

 
Apreciado Sr. Alcalde  o Sra. Alcaldesa

Hemos sido informados que periódicamente se instala en su municipio un circo con animales, además de un mercado medieval que utiliza aves en cautiverio (Por cierto, aves que en la Edad Media no estaban en esta zona). Los circos y mercados medievales itinerantes, sacan a los animales de su hábitat natural, los fuerzan a vivir la mayor parte de sus vidas encadenados dentro de camiones que viajan por cientos de kilómetros, y después los obligan a actuar bajo la amenaza constante de castigos.

El estado cautivo de los animales no provee valor educativo alguno. No nos dice nada sobre su comportamiento natural, porque los animales son obligados a actuar en un entorno totalmente artificial. Los circos ofrecen una visión de la realidad distorsionada y por lo tanto no son educativos para los niños y niñas, que son el público mayoritario de estos espectáculos.

Mientras tanto, tigres, elefantes, águilas, focas, buitres e incluso chimpancés son condenados a sufrir una vida de hacinamiento, maltrato, aburrimiento y estrés. Los elefantes permanecen encadenados el 95 por ciento de sus vidas. Los tigres viven y son transportados en jaulas de 3 x 2 metros.

Numerosos países y ciudades de todo el mundo han prohibido la actuación de circos en sus territorios, preocupados por el bienestar de los animales, como es el caso de diversos estados de la India y Brasil, Austria, Bolivia, Suecia, Dinamarca, Nicaragua y partes de Inglaterra, Irlanda y Estados Unidos.

Suponemos que su Excelentísimo Ayuntamiento no pretende fomentar, ni directa ni indirectamente, esta crueldad injustificada y que, si permiten dichas actuaciones con animales, es por la falta de información de lo que realmente hay detrás de estos espectáculos. Esperamos que no lo vuelvan a permitir en su territorio y les invitamos a prohibir su instalación, como están haciendo cada vez más localidades del mundo.

Atenta y respetuosamente

Un cordial saludo

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Decrecimiento y derecho a la salud



¿Hasta que punto es útil y necesario relacionar el concepto de decrecimiento con el derecho a la salud? La solución, no se encuentra en el este texto; habrá entonces que crearla…



El derecho a la salud, recogido en el artículo 12 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, sociales y culturales desde 1966, depende a su vez del ejercicio de otros Derechos Humanos básicos (derecho al agua, derechos reproductivos, acceso a medicamentos esenciales, etc.). Los problemas de salud de nuestras poblaciones, presentes y futuras, se ven influidos por unos determinantes sociales de la salud (vivienda, saneamiento, nutrición, higiene básica…) Se entienden por determinantes sociales de la salud las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen, y los sistemas establecidos para combatir las enfermedades. A su vez, esas circunstancias están configuradas por un conjunto más amplio de fuerzas: económicas, sociales, políticas y normativas.  Las políticas industriales, laborales, financieras, culturales y medioambientales actuales, crean desigualdad social injusta y condiciona un entorno determinado que repercute en la salud individual y colectiva. Por ello, es necesario analizar el derecho a la salud precisamente desde ese punto social, político y económico, y es ahí, dónde, en mi humilde opinión, la teoría del decrecimiento entra en juego.

Si observamos el sistema productivo actual, basado en el consumismo(modo de vida esclavo), el daño ambiental causado a nuestra Madre Tierra, o las predicciones sobre reservas de petróleo a nivel mundial; resulta cuanto menos optimista-realista, pensar en alternativas como la permacultura, las cooperativas, los bancos de tiempo, monedas locales, o la creación de espacios de reflexión colectiva donde, aprendiendo de la historia, se fomente el diálogo intergeneracional e intercultural para una mayor cohesión social fuera del espectro del crecimiento económico.

Respecto al sistema económico dominante resulta imprescindible la implementación de herramientas macroeconómicas que tengan en cuenta otras variables como la calidad de vida, la huella ecológica o la aportación real al bien común para desmantelar las prioridades del sistema y cambiarlas por otras más humanas. Lo que contabiliza el PIB es solamente aquella parte de la realidad que puede ser comercializada y, por eso, su información es sesgada y no demuestra la gran desigualdad que supone el imaginario actual de crecimiento exponencial.

Siguiendo con economía, que no con “homo economicus”, viajamos hasta la deuda ilegítima que ahora sufren lxs ciudadanxs de muchos países, similar aquella que hizo sufrir a tantas personas de ese bello sur geográfico. Los efectos adversos que esta crisis financiera están causando en la salud, son una muestra objetiva y basada en una triste evidencia (aumento de suicidios, depresiones, etc.), de que resulta más  necesario que nunca el cuestionamiento del origen de dicha deuda a través de una Auditoría ciudadana. La experiencia muestra que la comercialización de bienes sociales esenciales, tales como la educación y la atención sanitaria, genera inequidad social y es precisamente a lo que estamos asistiendo. No es por casualidad, que dicha Auditoría sea una de las principales reivindicaciones de la Marea Ciudadana del próximo 23-F en respuesta al golpe de estado de los mercados en la que participarán multitud de colectivos sociales en toda España. Los diversos movimientos sociales que están despertando globalmente junto, con los que siempre estuvieron ahí (15-M, Yosoy132, OccupyWallstreet, revoluciones árabe, ecologistas, feministas, movimientos indígenas,..) servirán de inspiración para la conciencia colectiva y la propuesta de soluciones integradoras y justas. La participación de la sociedad civil, consciente y empoderada, juega un papel esencial en la defensa del derecho a la salud y posee un gran potencial de cambio frente al desequilibrio de poder internacional, principal barrera para la equidad y el acceso a la salud.

Por último,  en coalición a ese acceso a la salud, al que el decretazo de abril 2012 restringió a personas inmigrantes en situación administrativa irregular (salvo urgencias) en España, resulta imprescindible ahondar en el análisis de nuestro Sistema Nacional de Salud. En la actualidad, ya existen multitud de  colectivos tejiendo esa red de alternativas posibles con el fin de mantener un sistema sostenible y de calidad impidiendo la privatización y mercantilización (tanto en líneas de investigación, como en las calles y plazas: Marea Blanca, Movimiento para la salud de los pueblos…). El debate sobre la gestión debe llevarse a cabo para hacerla  más clínica y profesionalizada con el objetivo de una buena gobernanza en salud. Sin embargo, la visión decrecentista, insiste en recordar, e invita a debatir, sobre el hecho de que no siempre mayor gasto sanitario conlleva mejores resultados en salud.  El objetivo de un sistema sanitario no es aumentar exponencialmente su gasto sino invertirlo de una manera eficaz, racional y eficiente. La salud del paciente debe ser siempre el objetivo principal, creando un balance justo entre las necesidades y las demandas y apoyándose en los principios de accesibilidad, aceptabilidad, disponibilidad y calidad de la atención sanitaria. Una cobertura sanitaria pública y universal es necesaria para el pleno ejercicio del derecho a la salud. La propuesta de estrategias de mejora basadas en la evidencia y en resultados en salud, a través de la promoción de la atención primaria y comunitaria, la interdisciplinaridad para la creación de una medicina más integradora y holística, el uso racional de los medicamentos y tecnología y el necesario impulso de las políticas sociales, son solo algunas ideas para lograr una mayor equidad y justicia social.

Sin duda, el decrecimiento y el derecho a la salud comparten muchas más cosas de lo que en un principio pudiéramos pensar, sin embargo, el relacionar ambos conceptos dependerá en gran parte, del rumbo que deseemos tomar en este viaje sanitario, que no otro que la vida misma en comunidad…



El Huerto del Pozo imparte taller de Permacultura al profesarado del Centro Escolar Nuestro Mundo

El Huerto del Pozo continua impartiendo talleres de introducción a la Permacultura de manera gratuita. Esta vez le tocó el turno al centro escolar Nuestro Mundo, en concreto a su profesarado ya que la filosofía de Nuestro Mundo hace que todo su personal este constantemente formado en temas ambientales y de respeto a la naturaleza para que puedan transmitirle a su joven alumnado.
En esta ocasión El Huerto del Pozo se encargó de iniciarles en el área de la Permacultura. Como ya saben la Permacultura es un área de conociento consciente en contrucción pero la podríamos definir como el diseño y mantenimiento de ecosistemas agrícolas productivos, los cuales tienen la diversidad, estabilidad y resistencia de los ecosistemas naturales, es decir, es la integración armónica del paisje y la gente produciendo comida, energía, cobijo y otras necesidades y no materiales de una manera sostenible. Es decir, es agricultura permanente, que como tal es recomendable y aplicable en centros escolares de estas características, por ello ya se está rediseñando de forma armónica su huerto escolar y en las próximas semanas se comenzará con la preparación del suelo y la construcción de una pequeña espiral de plantas aromáticas.

El Huerto del Pozo organiza repoblación de polylepis en Urcu Huasi

En la Cordillera de los Andes, a más de 3000 metros de altura, entre frailejones, ríos de agua fría y cristalina, crece el polylepis o árbol de papel. Su tronco y ramas son como hojas de miles de libros colocados uno sobre otro para dar forma a este árbol que se puede encontrar en todas las provincias de la serranía ecuatoriana. Entre sus troncos entrelazados, están adheridos musgos y líquenes. Si es un buen observador, puede encontrar en sus alrededores la hierba del infante del cerro (Lachemilla orbiculata), Zarcillo Sacha (Brachyotum jamesonii), Cardón Santo (Erymgium humile), y diferentes variedades de gencianas y orquídeas. El árbol de papel es el hogar de plantas que crecen en el páramo andino, y una guarida para zorros y conejos. En las alturas, comparte su territorio con el mítico cóndor y, en los altiplanos parameros, con llamas, alpacas y vicuñas que pastan en forma pacífica.
El polylepis es una planta nativa de América Latina y en Ecuador existen ocho especies de 26 registradas. Para protegerla de la tala o quema, el Huerto del Pozo mediante la organización de estas iniciativas de sensibilización de repoblación o reforestación, lucha por la protección, tanto del espacio donde crece el polylepis, como de la conservación de la propia especie.

 Pinche acá para ver fotografías del evento