El Chimborazo contiene la energía que se dejan todas las personas que lo ascienden. Si a esto le añadimos que viene siendo un lugar de culto para las culturas originarias andinas, y que es el punto más elevado de la Tierra desde el centro de la misma, hacen de este lugar un centro sagrado y energético.
Al ascender una montaña, pero en especial esta, un espacio desconocido y negativo se convierte en positivo, olvidándose los miedos que son sustituidos por la emoción, la soledad, la belleza pura... Esto genera una necesidad romántica, espiritual y vivencial para regresar a la cima, es decir a lo más alto justo antes del cielo. Al mismo tiempo se crea una necesidad de conocimiento, o lo que es lo mismo, se potencian las ganas de vivir la montaña y comprenderla. Las montañas conforman el límite exterior de la Tierra, un mundo dentro de nuestro mundo, además representan un límite personal, ya que siempre buscamos nuestra montaña interior y nuestra montaña exterior. Por todo ello las montañas forman parte de nuestro patrimonio, tenemos que recuperar el contacto con la naturaleza y reconocer a la montaña, ya que es el último reducto donde los seres humanos pueden encontrar con gran intensidad esa conexión moral, equilibrada y placentera, con la Tierra. Y como nos recuerdan las personas que hicieron montaña antes que nosotros y nosotras "Montañista es aquel que lleva su cuerpo a donde sus ojos lo soñaron".
Daniel Boyano Sotillo