Permacultura, ecoloxía, movimientos sociales, contrainformación, dreitos del home, cultura y muito más visto desde un pequeiñu güertu de Senabria sobre os llizaces del mundu rural, indixenista, llibertariu y ancestral
Permacultura, ecologìa, movimientos sociales, contrainformaciòn, derechos humanos, cultura y mucho màs visto desde un pequeño huerto de Sanabria sobre las bases del mundo rural, indigenista, libertario y ancestral

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No solo duelen los golpes - Pamela Palenciano Jódar

El Sindicato de Oficios Varios de CNT-AIT Madrid y el colectivo Centro de Creación e  Investigación Cultural "La Tortuga" organizó una charla/monólogo con  Pamela Palenciano sobre la violencia de género.


Habla, entre otras cosas, sobre la "mentira del amor romántico" y como  detectar los primeros signos del abuso machista. También habla sobre cómo se ejerce disimuladamente el control sobre una persona hasta su  aislamiento.

El Taller se celebró el viernes 7 de noviembre a las 19:00 horas en el salón del 2º piso del sindicato. 

Después se hizo un cenador en el sindicato, precio libre, para colabora en parte de los gastos de viaje de Pamela. Viene a España desde El  Salvador para hacer varios talleres.


Las mujeres en el mundo celta

Relacionando esta tendencia actual con la historia de las civilizaciones antiguas,
comienzo a investigar y estudiar la cultura castreña en el noroeste ibérico (mal llamada cultura celta), y por ende Sanabria, de los celtas, y el rol que ejercía la mujer 
como miembro activo del clan céltico; siendo este una familia perpetuada que formaba 
el núcleo de la tribu y de la misma surgía los gobernantes. A su vez el clan de la madre 
estaba diferenciado del clan del padre, entendiendo de esta forma que ambos sexos 
tenían un papel jerárquico en la familia, correspondiéndole a la madre la educación de 
los hijos menores y al padre la de los hijos mayores. La mujer siempre participaba 
activamente en el buen funcionamiento de su clan. 
Podría afirmarse que las mujeres celtas poseían los mismos derechos, privilegios, 
obligaciones y responsabilidades que los hombres; eran consideradas compañeras en 
igualdad de condiciones. Tenían derecho a elegir marido y no podían casarlas sin su 
consentimiento; eran ellas quiénes decidían, en una festividad organizada para dicho 
fin, con quién casarse y recién en ese momento se los consideraba un matrimonio. Esta 
era una alianza entre dos familias, con un funcionamiento común de los bienes de la 
pareja; ambos cónyuges pagaban una dote, ya que poseían independencia y autonomía 
económica, conservando sus bienes personales de forma individual. Es decir que la 
mujer celta no pasaba a formar parte de la familia del hombre, sino que seguía 
conservando sus bienes.
Estas consideraciones determinan que la sociedad Celta era Matrilineal. 
Con una distancia de miles de años, se deduce que las mujeres originarias de esta 
cultura ,al ser criadas tan libremente como los hombres, fueron un modelo de mujer 
diferente a la del resto de las civilizaciones de la antigüedad , que enfrentaba al modelo 
grecorromano primero y al judeocristiano después. La mujer en la vieja Irlanda- único 
lugar del mundo celta que nunca fue visitado por las legiones romanas, mantuvo su 
independencia hasta el siglo XII, estaba casi en un plano de igualdad con el hombre. 
Permaneció emancipada y fue a menudo elegida por su profesión, rango y fama. 
Las mujeres celtas eran guerreras, participaban activamente de la guerra, siendo 
imprescindibles, por su intuición y sentido común.


La idea de la existencia de un régimen de tipo matriarcal por extensión, entre todos los pueblos del Norte y Noroeste ibérico en época prerromana se fundamenta, por una parte, en el conocido texto de Estrabón (3, 4, 18): "Por ejemplo entre los celtas los hombres dan la dote a las mujeres, las hijas son las que heredan y buscan mujer para sus hermanos; esto parece ser una especie de ginecocracia (dominio de las mujeres), régimen que no es ciertamente civilizado"; y, por otra, en la asunción de la teoría evolucionista del siglo XIX, que sostenía la anterioridad de las sociedades de tipo matriarcal con respecto a las patriarcales. En la actualidad, debido a la justa valoración de la información que proporciona el geógrafo griego, a la comparación con lo que sucede en otras sociedades antiguas del Mediterráneo occidental, al abandono de las tesis evolucionistas del siglo XIX, que defendían la existencia de una fase general de las sociedades humanas que había precedido a la sociedad patriarcal (Bachofen, Morgan, Engels), y a una más adecuada interpretación de los datos que proporcionan las inscripciones cántabras, la tesis "matriarcal" tiene cada vez menos argumentos a la hora de intentar establecer las características de la organización social de los cántabros en época antigua. Por los datos que nos ofrece Estrabón, lo único que se puede intentar reconstruir es el sistema matrimonial de este pueblo. J.C. Bermejo, tras analizar el valor concreto de los términos utilizados por Estrabón en el pasaje mencionado, teniendo en cuenta su preciso contexto histórico-cultural, señala, refiriéndose a todos los pueblos del Norte y Noroeste (generalización que, en nuestra opinión es excesiva, ya que el texto de Estrabón sólo alude a los cántabros), que se dio una tendencia estructural al matrimonio entre primos cruzados. Este sistema matrimonial sería, además, de tipo "matrilineal" y posiblemente "uxorilocal" para el hombre y "matrilocal" para la mujer, pero no necesariamente matriarcal. La descripción que Estrabón hace del tipo de matrimonio entre los cántabros no es suficiente para demostrar la existencia de una "ginecocracia" o "matriarcado", puesto que, si bien las mujeres tuvieron un papel importante en los intercambios matrimoniales (las hermanas dan esposa a sus hermanos), no se debe olvidar que los hombres "dotan a las mujeres", lo cual indica que el hombre posee un importante papel económico en la sociedad cántabra. A esto hay que añadir que tanto el poder militar como el político están en manos de los hombres. Todo ello impide seguir manteniendo, a partir del texto de Estrabón, la existencia de un matriarcado, régimen en el que el papel económico, político, jurídico y religioso de la mujer sería preeminente, considerando el sentido etimológico del término. La historicidad del matriarcado, tal y como pretendía Bachofen, es indemostrable actualmente. Como dice E. Cantarella, ni en la sociedad minoica, ni en la ligur, ni en la etrusca hay pruebas históricas de su existencia. En la Historia Antigua del Mediterráneo occidental no hay ninguna posibilidad de probar la existencia de una sociedad matriarcal en el sentido etimológico del término. La mujer puede ocupar una posición significativa, elevada en la sociedad (por ejemplo, por el desempeño de funciones sacerdotales o por su papel en la economía en las épocas más primitivas)
Se puede concluir que existía un matriarcado, de una sociedad en la que la mujer tenía en sus manos el poder político, económico y religioso. 

más información: http://www.almargen.com.ar/sitio/seccion/cultura/celtas9/

DETERIORO AMBIENTAL Y FEMINIZACIÓN DE LA POBREZA

Este cuadernillo explica cómo la degradación ambiental y la pobreza tienen un impacto diferenciado en hombres y mujeres. El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la desertificación afectan negativamente en la calidad de vida de las personas, incrementando la pobreza de la población mundial. Sin embargo, son las mujeres las que más gravemente sufren las consecuencias.

El modelo patriarcal imperante en la mayoría de sociedades ha vinculado siempre de manera más estrecha a las mujeres con los recursos naturales, el ámbito privado y las tareas de cuidado, por lo que los cambios en el entorno les afectan más. Sin embargo, se ha subestimado la aportación de las mujeres y se les ha negado la capacidad de toma de decisiones.

Descargar aquí: http://www.ipade.jesusvazquezb.com/files/ebook_ipader2.pdf

DETRÁS DE TODO GRAN HOMBRE,...


Vivimos en una sociedad que tiene una visión androcéntrica1 del mundo, la cual predomina en la mayoría de culturas de todo el planeta tierra, y viene siendo construida por lxs humanxs desde hace muuuchos años, antes que nacieran nuestras abuelas y abuelos. Esta visión se construye a partir de un sistema llamado patriarcado, palabra que por su origen griego significa “padre al mando” y tiene una sola base: la dominación y la opresión y, por tanto, la injusticia.

El tipo de relaciones interpersonales que construimos dentro de este sistema, puede representarse con el cuento de la caperucita roja y el lobo: las mujeres y otros grupos sociales somos lxs caperucitas rojas y la mayoría de hombres (aunque también algunas mujeres) son los lobos feroces. Nuestras formas de interacción y comunicación están cargadas de discriminación, subordinación y desvalorización, en otras palabras, están cargadas de sexismo.

Desde la visión androcéntrica-patriarcal se cree que las mujeres son inferiores, débiles y tontas y están sujetas al hombre (y a servicio de él), que es superior, fuerte e inteligente. Por tanto, es el hombre quien puede y debe protegerlas y enseñarles, aunque sea a palos; como si fuéramos unas criaturas salvajes para amaestrar.

Este parásito mortal, lamentablemente, ha infectado a casi todos los rincones del planeta (incluyo a mi pueblo). Y parece perpetrarse a diario en las nuevas generaciones. Se ha vuelto tan normal esta injusticia que hombres y mujeres seguimos aceptando, reproduciendo y, en consecuencia, preservando sin cuestionar la idea de que el destino de la mujer es casarse, parir, cuidar de sus hijxs, de su esposo y de su casa. Este es el modelo que históricamente se ha metido en el inconsciente colectivo3 a través de varias vías como: la religión, la política, la cultura, la escuela, algunos juegos “infantiles”, el lenguaje, entre otros. Y el mensaje que taladra nuestro inconsciente es: “o sos una santa o sos una puta”.

En la época colonial, los únicos espacios de formación para mujeres eran centros donde se les preparaba para el matrimonio o para ser monjas: clases de religión (para variar), de cocina y de bordado.

En la dictadura de Ubico se reglamentó la prohibición del ejercicio de la profesión a las mujeres  bajo el decreto No. 2756 del 11 de mayo de 1,942. Derrocado Ubico, la lucha femenina no terminaba: fue la lucha revolucionaria de guatemaltecas, que tuvieron la necesidad de aclarar: “Estamos en pleno uso de la razón.” El voto femenino suponía para otros un arma de doble filo. Gracias a esa lucha, en 1946 Guatemala se convierte en el noveno país de América Latina en conceder el voto a las mujeres (el primero fue Ecuador en 1,929). Ya eran ciudadanas, pero sólo las que podían leer!!!

Por razones como estas, la participación social de la mayoría de mujeres ha permanecido históricamente en el espacio doméstico. Hasta nuestros días, casi todos los espacios de participación están atravesados por este sistema que desprecia todo lo que se considera femenino. Y aunque han habido muchos logros, estos no han sido en igualdad de condiciones. La educación, por ejemplo, sigue siendo sexista a consecuencia de este sistema de opresión de que venimos hablando.

Recuerdo en la secundaria (de 1o. a 3o. básico), a una hora determinada nos dividíamos las chicas de los chicos: nosotras a recibir la clase de “Educación para el Hogar” (donde nos enseñaban a cocinar, bordar y cosas por el estilo) y los chicos a recibir la clase de “Artes Industriales” (donde les enseñaban un poco de carpintería, dibujo y artesanía).

Para curar este histórico estado febril que ha producido este maldito parásito, se vuelve una necesidad urgente el transformar, desde nuestra cotidianidad, las relaciones de poder, exigiendo igualdad, respeto y justicia; el lograr la independencia económica y el conocer nuestros derechos como mujeres.

PD.: Detrás de todo gran hombre, hay una mujer enferma, deprimida y suicida.

Nohelia Flores Escobar


1. 1    Androcentrismo: visión del mundo que invisibiliza a las  mujeres y niega las aportaciones realizadas por ellas. El hombre es el centro del universo.

2. 2   Inconsciente colectivo: fenómeno psíquico que influye en nuestra conducta sin tener plena conciencia de ello.

¿Se puede trabajar 21 horas semanales? SI

El estudio ‘21 horas: Por qué una semana laboral más corta puede ayudarnos a prosperar en el siglo XXI’, que resume este artículo, argumenta que liberar tiempo del trabajo remunerado puede ayudar a vivir de forma mucho más sostenible y satisfactoria.
 https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjPm5kYuXfp-tzuBwyeu3cqdNLkYD0JGqFMIJAWN2XYf5JLqrTinKPbxJSxeXv_cvAGSC1hK743vhB6Bn5AOHKEgQXAiWYEBKzVanSn5VhYb5-uJ7Hoa8yCbfOFwIl4SJBzSPba2U2LQXv_/s1600/semana+laboral.jpg
Los retos ecológicos y sociales del siglo XXI nos incitan más que nunca a promover soluciones innovadoras para iniciar la transición hacia un mundo sostenible y equitativo. En este marco, la crisis sistémica es una oportunidad sin precedentes para poner en cuestión algunas ideas del pensamiento actual hasta el momento intocables. La semana laboral de 35-40 horas es una de estas ideas: estructura las sociedades industrializadas en torno a un modelo que nos empuja a trabajar más, para ganar más y consumir más y convierte el tiempo, así como el trabajo, en una mercancía normal y corriente.
Muchos y muchas de nosotros/as consumimos más allá de nuestras posibilidades económicas y más allá de los límites de los recursos naturales, aunque de formas que no mejoran en absoluto nuestro bienestar y felicidad (en España, las tasas de paro y pobreza superan el 20%). Dicho de otro modo, una economía basada en el continuo crecimiento económico y el pleno empleo en los países de ingresos altos, a su vez basados en el trabajo productivo y remunerado a tiempo completo, hace imposible lograr los objetivos urgentes de reducción de emisiones de carbono o de lucha contra las desigualdades cada vez mayores .
Por tanto, apostar por la gran transformación significa romper el poder del viejo reloj del trabajo heredado del capitalismo industrial para liberar tiempo para vivir vidas sostenibles, sin añadir nuevas presiones. Siguiendo los pasos del informe 21 horas de la New Economics Foundation, consideramos que una semana laboral mucho más corta es uno de los pilares de esta gran transformación socio-ecológica.
Asimismo, las razones por las que se proponen las 21 horas semanales se pueden clasificar en tres categorías, que reflejan tres esferas interdependientes, o fuentes de riqueza, que derivan:
1. Proteger los recursos naturales del planeta
Avanzar hacia una semana laboral mucho más corta ayudaría a romper el hábito de vivir para trabajar, trabajar para ganar, y ganar para consumir. La gente podría estar menos atada al consumo intensivo en carbono y más apegada a las relaciones, al ocio (no productivista), y en general a lugares y actividades que absorban menos dinero y más tiempo. Ayudaría a que la sociedad se las arreglara sin un crecimiento tan intensivo en carbono y recursos naturales, y a dejar tiempo para que la gente viva de forma más sostenible.
2. Justicia social y bienestar para todo el mundo
Una semana laboral normal de 21 horas podría ayudar a distribuir el trabajo remunerado de forma más homogénea entre la población, reduciendo el malestar asociado al desempleo, a las largas horas de trabajo y al escaso control sobre el tiempo. Haría posible que tanto el trabajo remunerado como el no remunerado fuera distribuido de forma más igualitaria entre hombres y mujeres; que los padres y madres pudieran pasar más tiempo con sus hijos e hijas y que ese tiempo lo pasaran de forma diferente; que la gente pudiera tener una mejor transición de la actividad remunerada a la jubilación y, en definitiva, tener más tiempo para ocuparse de los demás, de participar en actividades locales, y de hacer otras cosas que sean de la elección de cada uno.
3. Una economía fuerte y próspera
Un número menor de horas de trabajo podría ayudar a que la economía se adaptara a las necesidades de la sociedad y el medio ambiente, en vez de que estos se vean subyugados a las necesidades de la economía. El mundo empresarial se beneficiaría de que cada vez más mujeres pudieran entrar, a 21 horas semanales, en el mundo laboral; de que los hombres tuvieran una vida más completa y equilibrada; y de que hubiera un menor estrés en el lugar de trabajo asociado con los juegos malabares que supone compaginar el trabajo remunerado y las responsabilidades del hogar.

 Por otro lado, la propuesta de reducción de la jornada laboral entra dentro de una transición amplia y gradual que afecta a muchos ámbitos a la vez (educación para la sostenibilidad, cambio de modelo productivo, redistribución de las riquezas, reformas democráticas y políticas, etc.).
Por tanto, vemos necesario:
Cambiar las expectativas: en la historia hay muchos ejemplos de normas sociales aparentemente rígidas que cambian muy rápido (el voto de la mujer por ejemplo). Existen algunos signos de condiciones favorables que están empezando a emerger para cambiar las expectativas de lo que sería una semana laboral normal. Entre los cambios que podrían ayudar se incluyen el desarrollo de una cultura más igualitaria, una mayor concienciación del valor del trabajo no remunerado, un fuerte apoyo gubernamental para actividades no mercantilizadas, y un debate nacional sobre la forma en la que utilizamos, valoramos y distribuimos el trabajo y el tiempo. Por ejemplo, es más que necesario un debate amplio, a nivel estatal y local, sobre lo que definimos como riqueza [5] al igual que se empezó, aunque de forma limitada, en Francia (véase los trabajos de la comisión Stiglitz), Reino Unido o en la OCDE (con su indicador del mejor vivir).
Lograr un menor número de horas de trabajo: incluyen una reducción gradual de las horas a lo largo de una serie de años en consonancia con los incrementos salariales anuales; un cambio en la forma en que se gestiona el trabajo para desincentivar las horas extras; una formación activa para combatir la falta de aptitudes y para conseguir que las personas que llevan mucho tiempo sin trabajo vuelvan a formar parte del mercado laboral; una gestión de los gastos del empresariado que sirva para recompensar más que para penalizar la contratación de más personal; garantizar una distribución de los bienes más estable e igualitaria; la introducción de regulaciones para normalizar las horas que promuevan acuerdos flexibles a los trabajadores, como por ejemplo el trabajo compartido, ampliaciones de excedencias por cuidados y años sabáticos; así como una mayor y mejor protección para los autónomos contra los efectos de los salarios bajos, muchas horas de trabajo, e inseguridad en el trabajo.
Garantizar un salario justo: entre las opciones para resolver el impacto que una semana laboral más corta pueda tener sobre los salarios se incluyen la distribución de los ingresos y de la riqueza por medio de mayores impuestos progresivos; un salario mínimo más elevado; una reestructuración radical de las prestaciones sociales; un comercio de emisiones de carbono diseñado para la redistribución de la renta a los hogares necesitados; más y mejores servicios públicos; e incentivar la actividad y el consumo no mercantilizados.
Mejorar las relaciones de género y la calidad de la vida familiar: es necesario garantizar que las 21 horas tengan un impacto positivo en vez de negativo sobre las relaciones de género y la vida familiar a través de unas condiciones de empleo flexibles que animen a una distribución más igualitaria del trabajo no remunerado entre hombres y mujeres; un sistema universal y de alta calidad de atención y cuidado infantil que encaje con el horario del trabajo remunerado; un aumento del trabajo compartido y más límites a las horas extras; jubilación flexible; medidas más firmes que impongan la igualdad salarial y de oportunidades; más empleos para hombres relacionados con el cuidado y la enseñanza en escuela primaria; más cuidado infantil, programas de ocio y tiempo libre, así como de cuidado de adultos utilizando modelos producidos de forma conjunta de diseño y prestación; así como el aumento de oportunidades para la acción local de forma que se puedan construir barrios en los que todo el mundo se sienta seguro y pueda disfrutar.
A modo de conclusión, pensamos que plantear una semana laboral de 21 horas no es solo un ejercicio provocativo y prospectivo para alimentar el debate y luchar contra la inercia, es también un ejercicio realista para reconciliar la protección del planeta, la justicia social y la economía.

Descargar el estudio completo: http://www.ecopolitica.org/downloads/21Horas/21horas_web.pdf